Como aves que caen del cielo, asi se abalanzó la naturaleza ante ellas. Pobres hormigas de piel brillante, como el viento las empuja y la tierra las levanta, como gotas de rocio son ataques del gigante. Me miran y no entienden como estrecho mi semblante, y como todo ataque anterior, cae entre ellas un dedo que elige quien muere, levanta sus cuerpos aplastados y se los lleva. Ha donde mas si no al cielo.
Se dispersan creyendo ser las siguientes en ser compactadas contra el asfaltao. Aquella sombra que hizo caer su dedo se sonrie en su estupidez. No tolero ver su dedo ensangrentado y trato de no observar su mirada obsesionada con traumar a las pequeñas, tan pequeñas hormigas. Pero basta con que pase un segundo y las hormigas se olvidan que el gigante existio y se reordenan en la fila, hiriendo el delicado ego del sombrio monstruo. En un acto desenfrenado el gigante baja la palma entera sobre la linea obrera y la sangre llega a salpicar mas alla de los muertos. El sombrio monstruo alza su mano victorioso, le miro la mano negra de hormigas que se estaban ajusticiando, ha despertado el descontento de las obreras y ahora caera sin importar cuan grande sea
viernes, 9 de octubre de 2009
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