lunes, 30 de noviembre de 2009
De pronto y despues.
Entre las olvidadas boletas que guardaba en mi bolsillo, de pronto, se hizo ver una moneda de cien pesos, y aun mas en contra de mi abstinencia de tabaco, habia un kiosko que vendia cigarros sueltos por ese precio. Tome el cigarrillo entre mis dedos y lo hice recorrer los diez, luego lo meci suavemente en mi boca y dispuesto a prenderlo saque un encendedor de la mochila. Pero fuera mi constante mala suerte, que un perro comienza a ladrar a dos metros de mi, un hombre pasa apresurado y una señora con una guagua se sientan a mi lado. Me corri buscando prenderlo en un lugar mas relajado, en ese instante me di cuenta que el cigarro se habia vuelto mi pareja, mi acompàñante, que era un amigo silencioso que solo sabe hacerme daño y alejarme de los demas, asi que sin pensarlo dos veces lo rompi. El cigarro quedo destruido, el viento limpio su llanto. Yo quede en el intertanto, ni prendido, ni apagado, a medio fumar.
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